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Una obra todavía poco conocida, pero de gran
importancia en el avance técnico de nuestro instrumento. Tengo la sensación de que los txistularis en conjunto y nuestro boletín en concreto no hemos sido capaces de dar el agradecimiento suficiente a la tarea que desarrolló Rodrigo Alfredo de Santiago en torno a nuestro instrumento. Todavía hoy la figura de este músico Baracaldés, acreditado por numerosísimos galardones y entre ellos el Premio Nacional de Música, sigue siendo para la mayoría de los txistularis poco conocida. No tratare de desarrollar aquí datos biográficos que en otro lugar de este número aparecen. Tan sólo quiero fijarme en un aspecto de la tarea realizada por Rodrigo A. de Santiago que para mí, como profesor de txistu, tiene una singular importancia: sus Estudios Superiores de Txistu. En conjunto, la obra musical compuesta por Rodrigo A. de Santiago asusta por el volumen que llega a alcanzar. Es extensísima y muy variada. En el mundo del txistu, a excepción de algún pequeño trabajo, comienza tarde a escribir y publicar -. Pero en un periodo relativamente breve -unos diez anos- publica en nuestro boletín una gran cantidad de música y escribe otra mucha que no llega a publicarse hasta más tarde o todavía espera publicación. Mi impresión sobre esta extensa colección de obras no es demasiado buena. Acaso sea fruto de unos determinados gustos o incapacidades personales, pero no me parece que consigue acertar con el tipo de obras que el repertorio txistulari necesitaba ni en la manera de componer Quizá, en mi opinión, lo más conseguido este formado por las obras para solistas -Goraintziak es una autentica preciosidad- y las más sencillas de planteamiento, entre las cuales se encuentran las más antiguas también -Erandio Goikoa y Erandio Behekoa están muy centradas, Barakaldoko Atzo-atzo...-. Sin embargo, en otras obras que pretendió más ambiciosas -Agur, Jaunak! Mikelota de Altobizkar ..- no llegó a dar en la diana del éxito musical. A menudo utilizó más cromatismo del conveniente, armonías un tanto confusas, formas excesivamente abigarradas... También escribió obras generalmente largas para lo habitual en bandas de txistularis. El caso es que la mayor parte de este amplio repertorio ha tenido poca fortuna y apenas ha figurado en los, por otra parte, escasos programas de conciertos de nuestras bandas de txistularis. Hay en la mayoría de esas obras un dato que siempre me ha llamado la atención: el diseño inicial del Aguar Jaunak! (sol-do-mi-sol) aparece en casi todas ellas en un momento o en otro. Para quien se dedica a leer las obras de Rodrigo de Santiago, como yo lo he hecho más de una vez, constituye una autentica sorpresa la insistencia en este motivo. Da la sensación de que Rodrigo A. de Santiago en la última etapa de su vida -que es cuando escribe para txistu la mayor parte de su obra- encuentra en su interior una incontrolable nostalgia por su país, por su infancia, por el txistu que representaba los años de su mocedad, y la expresa a través de un torrente de música. Y el motivo inicial del Agur, Jaunak!, siempre presente como recordatorio de aquellos años y aquellas vivencias, constituye su plasmación melódica más característica. He dicho que tan sólo quería fijarme en los Estudios Superiores y he hablado de la obra en general. Pero ya es hora de centrarme en ellos. Es la obra la publicó la editorial ERVITI en 1972. Y aunque su planteamiento es novedoso -lo fue en su momento y lo sigue siendo-, aunque se ha dado noticia de ella en nuestro boletín en más de una ocasión, apenas ha encontrado eco entre los txistularis. Se han vendido muy pocos ejemplares, según me comentaba el editor y los pocos que han salido han sido comprados por alumnos del Conservatorio que tienen que estudiarlo por estar en el Programa Oficial. A mí me parece esta obra la más importante aportación de Rodrigo A. de Santiago a la música y a la técnica de nuestro instrumento. Cuando se publicó esta colección de Estudios, yo tenia diecinueve años y llevaba cuatro de txistulari. Tuve un primer rechazo. Me parecía excesivamente difícil. Comenté con algunos txistularis esta sensación y la compartieron. Creo que el único que defendió la obra desde el comienzo fue Javier Hernández Arsuaga- Y tengo que decirlo, acertó. Aquello que me pareció entonces intocable para nuestro instrumento, no sólo se puede tocar hoy en día -es obligatorio para los alumnos de Grado Superior de Txistu-. La necesidad de poder incluir material pedagógico de cierto nivel en el Programa Oficial del Conservatorio, nos llevó hace unos años a echar mano de esta obra. Pero sin excesivo convencimiento- El trabajo diario sobre esos estudios ha ido poco a poco dando frutos insospechados: hemos descubierto nuevas posiciones que permiten pasos interválicos más sencillos y de mejor calidad sonora, hemos encontrado una importante cantidad de tranquillas de gran utilidad en la interpretación diaria, nos hemos sorprendido al ver que el registro grave y el agudo pueden homegeneizarse, hemos gozado con efectos sonoros que resultan adecuados para nuestra flauta, En fin, que gracias al trabajo de Rodrigo A. de Santiago, los alumnos de Grado Superior han podido a su vez ejercitarse sobre autenticas dificultades técnicas y han conseguido superarlas, transformando en técnica estándar aquello que hace muy pocos años nos aprecia imposible. Acaso la mayor tristeza de todo ello consiste en que es demasiado tarde para agradecer a su autor personalmente la tarea realizada. Quede por lo menos constancia de nuestro reconocimiento póstumo. |