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Este es un tema que está por ser estudiado y que yo en estas lneas no trato de hacerlo exhaustivamente. Me conformaré con disear un trazado, que sirva para comprender mejor el planteamiento de éste trabajo. Es habitual considerar que los orgenes del nacionalismo musical tienen su origen a mediados del siglo XIX, como una consecuencia del Romanticismo. Dos formas de su manifestacin han sido: a) la inclusin de melodas populares por los compositores en sus partituras; b) el estilo musical adoptado por los compositores, derivándolo del folklore de sus respectivos pases. En Euskalherria, compositores importantes de la segunda mitad del siglo XIX, como Hilarn Eslava, Emilio Arrieta, Joaqun Gaztambide, Vicente Goicoechea, etc. ignoran por completo el nacionalismo musical vasco. Gipuzkoako dantzakde Juan Ignazio de Iztueta, editado en 1927, influy poco en los compositores del siglo XIX: Menos todava el Cancionero de Jean D. Jules Sallaberry, editado en 1870 en Iparralde. En este lado de la frontera tuvo una difusin muy tarda. Por otro lado es conocido el hecho de que nuestros compositores no emplearon el euskera en msica civil hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX. Entrando ya en la etapa del nacionalismo musical vasco, es un fenmeno llamativo la acepcin de la medida de cinco por ocho, el popular zortziko, como smbolo supremo de la idiosincrasia vasca. Ya en "Gipuzkoako Dantzak" se encuentran varios zortzikos, no muchos. Tal vez la popularidad del bardo, José M Iparraguirre, influy con sus zortzikos en la aceptacin masiva de esta forma de cancin. Compositores destacados, como Juan M Guelbenzu, Felipe Gorriti y Valentn Zubiaurre, cuando queran escribir msica nacionalista, recurran al zortziko. Además en este tiempo surgi una pléyade de compositores como Avelino de Aguirre, Juan M Blas de Altuna, Silvestre Arrate, Modesto Letamenda, los Santesteban, Raimundo Sarriegui etc. etc., que nos anegaron de zortzikos, en su mayor parte partituras muy banales. José M Echeverra y Juan Guimn iniciaron en 1893 la publicacin de "Ecos de Vasconia", importante ensayo de promocin del lied vasco, pero también aqu predominan los zortzikos. Joaqun Larregla, Pablo Sarasate y otros compositores navarros incluyeron en sus partituras jotas de la tierra. Con el nacimiento del movimiento orfenico vasco compositores como los Santesteban, Gorriti, Sarriegui, Cleto Zabala, Valentn Arn, Pedro Fernández de Retana, Eduardo Mocoroa, etc. ampliaron el criterio nacionalista, escribiendo armonizaciones orfenicas sobre melodas que no eran zortzikos. Pero hasta aqu en el nacionalismo musical vasco era palmaria la ausencia de sinfonismo. Por eso, cuando en 1901 creci con fuerza la conciencia social nacionalista, también los altos niveles musicales entraron en juego. Crculos importantes de Bilbao y San Sebastián planificin el futuro musical del pas, partiendo de la esperanza puesta en jvenes compositores. Muy popular era en San Sebastián el nombre de José M Usandizaga, que en 1901 fue a Pars a ampliar su formacin musical. Otro tanto ocurri con Jess Guridi en Bilbao. ste se desplaz a Pars con el mismo motivo en 1903. Ambos constituan la mayor esperanza del movimiento musical vasco. A su regreso de Pars, José M Usandizaga compuso la fantasa sinfnica "Irurak bat", la obertura para banda "Bidasoa", pero sobre todo la pastoral lrica "Mendi mendian". Junto a estas importantes obras escribi "Cuarteto sobre temas vascos", "Euskal Herria maiteari" para orfen y un buen nmero de partituras para piano sobre temática vasca, todo ello antes de 1910. Por su parte, Jess Guridi, al regresar de sus estudios en Pars y Bruselas, present sus nuevas obras entre sus admiradores de Bilbao. Ambos compositores llenaron de satisfaccin a quienes haban puesto esperanza en ellos. En la época en la que se estrenaron respectivamente "La dama del Amboto", y "Chanton Piperri" de Buenaventura Zapirain; "Maitena" de Coln; "Oetzuri" y "Urko" de Resurreccin M de Azkue; "Lide ta Ixidor" de Inchausti, con acepcin muy desigual. Cuando en 1911 se estrenaron "Mendi Mendian" de Usandizaga y "Mirentxu" de Guridi, el entusiasmo musical nacionalista creci sobremanera al comprobar la calidad de la msica. Guridi se comprometi a la composicin de la gran pera "Amaya", que le llevara 10 aos de trabajo. Tras estos entusiastas acontecimientos, en 1916 falleci José M Usandizaga, causando consternacin y dejando una gran sensacin de vaco. Pero el nacionalismo musical vasco haba iniciado con pie firme una nueva etapa de su historia. Lecároz, un foco importante de nacionalismo musical. Lecároz, lugar del valle del Baztán (Navarra), haba sido célebre en la primera guerra carlista por haber ordenado Espoz y Mina quintar su poblacin y quemar sus casas. Reconstruido el pueblo, se convirti en un lugar de idlica tranquilidad y de nombre ignorado, fuera del valle del Baztán. En 1888 se fund en sus inmediaciones el Colegio de Nuestra Seora del Buen Consejo, regido por los capuchinos. A partir de aqu el nombre de Lecároz recobr protagonismo. Pero claro está, hablar de Lecároz era hablar del Colegio. Esta entidad docente, en su origen recibi una jurisdiccin cannica enmarcada en una limitacin geográfica fantasma, denominada Distritus Nullius Matritense, dependiente directamente del Rdmo.P. Ministro General de la Orden Capuchina, residente en Roma Este distrito abarcaba el Convento de Jess de Medinaceli (Madrid) y el Colegio de Lecároz como centro de los futuros apstoles capuchinos de Espaa. A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX se produjo en el Colegio un fuerte movimiento de reivindicacin autctona. Los religiosos nativos, apoyados por la creciente conciencia vasca civil que se nutra de las teoras de Sabino Arana Goiri, exigieron la constitucin de una nueva demarcacin jurdica, de acuerdo con los lmites geográficos naturales y con las caractersticas étnicas y culturales del pas. La fuerza de estas exigencias y sus correspondientes contrapartidas dieron al Colegio de Lecároz un protagonismo insospechado. A partir de ahora su nombre correra de boca en boca de eclesiásticos,civiles y an militares. En otro orden de cosas, el Colegio de Lecároz era un caso excepcional de actividad musical, especialmente religiosa, con su orquesta propia constituida por profesores y alumnos. Interpretaban un amplsimo repertorio de compositores, como Eslava, Garca, Zubuaurre, Hernández, Dubois, Gounod, Gorriti, Mercadante, Mocoroa, Trueba, Zabala, etc. Si desde 1898 hasta 1902 se experiment una lnea de depuracin estética, gracias a la tarea de fray Israel de Tudela (Ismael Echezarra Quian) con la aparicin del P. Donostia, ordenado sacerdote en 1908, la evolucin del gusto musical fue inmediata, puesto que, apoyándose en el Motu Propio de San Po X, publicado en 1903, puso en práctica una serie de medidas, que cambiaron radicalmente el estilo de la actividad musical de la casa.
Toda esta actividad musical trascendi a los movimientos culturales vascos, lo que se tradujo en un gran aprecio del P. Donostia. En 1918 loas juventudes del Partido Nacionalista Vasco organizaron un homenaje al msico capuchino, poponiéndole como el mejor teorizante musical del patrimonio vasco. De esta manera naci en él una conciencia de verdadero apstol de la msica vasca, asumiendo la responsabilidad de despertar espritus adormecidos. En 1915 el P. Donostia pas aviso a Norberto Almándoz, el compositor de Astigarraga, destacadsimo en msica sagrada, pidiéndole que cultivase también la msica vasca. Es el prototipo de lo que hizo con otros compositores vascos, a quienes ofreca melodas populares recogidas por él mismo. No hay que olvidar que el cancionero de Azkue se edit en 1921 y el del P. Donostia en 1922: Por eso, en la década de 1910 él ofreca constantemente a los compositores las melodas por él recogidas. Pero en la exposicin de sus teoras, el P. Donostia hua de motivaciones sentimentales baratas, para recurrir al ejemplo de los movimientos musicales más en boga, sobre todo los modernos maestros franceses. Sus frecuentes viajes a Pars desde 1920 le sirvieron para razonar seriamente sus planteamientos sobre la evolucin de la msica vasca. Su asistencia a los conciertos en la capital de Francia iba siempre acompaada de correspondientes análisis y anotaciones. En ocasiones diversas asisti junto con Juan Tellera, Miguel Echeveste, Emiliana Zubelda, Norberto Almándoz, más frecuentemente con este ltimo. Los comentarios subsiguientes giraban en torno a comp0araciones y posibilidades de la msica vasca. Ya en Lecároz, el P. Donostia fue recibiendo las visitas de muchos compositores vascos, que le mostraban sus obras y las sometan a su opinin. As Luis Urteaga, Vctor Zubizarreta, Juan Tellera, Joaqun Larregla, José Izurrategui, José Uruuela, José Olaizola, Santiago Bengoechea, etc. En punto de vistas de personalidades musicales, la más importante fue la de Maurice Ravel, que tuvo lugar el 23 de agosto de 1927. Se congregaron además de los dos compositores Xabier Zubiri, Asn y Palacios, Imaz, Losemboure, Marqués de Caviedes, Conde de Casa Miranda y Urcola. Ravel interpret al piano su "Sonatita" y el P. Donostia "Herrimina" y "Gure Herria". Fecha y encuentro memorables. Las visitas a Lecároz se fueron prolongando además por parte de intérpretes famosos y representantes de entidades culturales vascas como Euskaltzaindia, Eusko Ikaskuntza, Eusko Ikasbatza (Madrid), etc. El P. Donostia fue en Lecároz el primero en recopilar msica de compositores vascos del pasado: maestros de capilla de Calahorra, Roncesvalles, Pamplona, Tudela, etc. con atencin especial a Juan de Anchieta, los clavecinistas vascos, Juan Crisstomo de Arriaga, etc. además de otros compositores de su tiempo. En Lecároz se concentr una correspondencia selecta de musiclogos del mundo entero. Desde Lecároz sala el P. Donostia a pronunciar sus mltiples conferencias de musicologa vasca, elaborada en la soledad de su celda conventual. De Lecároz sali el asesoramiento para la ilustracin musical de pelculas vascas como "Euzkadi" (1933). En verdad sera difcil encontrar un cenáculo más sagrado que Lecároz para la reunin de maestro y discpulos, promotores del renacimiento de la cultura musical vasca. Pero este clmax, que fue en permanente ascensin, sufri el hachazo más cruel y destructivo al estallar la guerra civil espaola, el 18 de julio de 1936. Los superiores capuchinos destinaron a lugares diferentes a más de 20 religiosos del Colegio de Lecároz, los más significativos como patriotas vascos, en un clima de verdadero destierro. Entre ellos el P. Donostia a Francia. Con esta medida aquel cenáculo musical de Lecároz qued envuelto en un silencio sepulcral en los aos que siguieron a 1936. En la década de los aos 1940, serenados los ánimos, se produjo el regreso de algunos de aquellos religiosos, entre ellos el P. Donostia, que se instal en Barcelona. En 1952, el P. Jorge de Riezu, cordial e intimo amigo del P. Donostia regres de Argentina y se instal de nuevo en Lecároz. El fue quien a raz del fallecimiento del P. Donostia en 1956 inici la creacin del Archivo del P. Donostia, que automáticamente se convirti en la imagen rediviva de lo que haba sido la historia pasada de Lecároz, y en pocos aos en importante centro de recopilacin de msica y documentacin musical vasca. Con la edicin completa de las obras del P. Donostia, el servicio a la cultura fue inmenso. Fallecido el P. Jorge de Riezu en 1992, el nombre de Lecároz pas a segundo término, y el Archivo del P. Donostia, hiperblicamente hablando, se convirti en un tesoro depositado en la cármara subterránea de una pirámide en ruinas. El P. Hilario de Estella destinado a Lecároz Situándonos de nuevo en la década de 1910, con el paso de los aos y la fama del P. Donostia, todava sin cumplir los 30 aos, sus superiores decidieron concederle gran libertad de movimientos, para sus correras musicolgicas, pero sobre todo para que contemplase su formacin musical en Madrid y Pars. Pero andes deba solucionarse el nombramiento de otro religioso, que le supliera en el ejercicio de sus funciones habituales. El dos de septiembre lleg de Pamplona el P. Hilario de Estella (Alejandro Olazarán Salanueva), que haba sido ordenado sacerdote en 1917. El sustituira al P. Donostia en el manejo de los pianos y armonios siempre que faltase. Para empezar en noviembre del mismo ao de 1918 el P. Donostia se desplaz a Madrid, donde residi invierno y primavera. El P. Hilario vena con una pequea aureola de compositor y con un mayor prestigio de pianista-organista. Resida en Lecároz un hermano suyo, el P. Agustn de Estella, destacado escritor, profundamente adherido a los movimientos y reivindicaciones vascas. Con estos precedentes el P. Hilario asumi inmediatamente todos los planteamientos vascos y trab una amistad singular con el P. Donostia, a quien escuchaba como a un oráculo infalible. Aprendi euskera y lleg a ser profesor en grado elemental. Hasta su llegada a Lecároz su labor de compositor se haba reducido a partituras de msica religiosa dentro de un estilo puramente ceciliano. Con el influjo del P. Donostia se inici inmediatamente en el cultivo de la msica vasca, incorporando a su estética recursos de armona moderna. Atrado por la belleza y el éxito de los "Preludios Vascos" `para piano del P. Donostia, en noviembre del ao 1920 compuso "Noche de San Juan", escena musical vasca para piano, escrita con dos melodas populares, una cancin de cuna de Ibero (Navarra) y otra de Hondarribia. En la partitura el compositor deca que ésta era " La primera de una serie que pensaba hacer y que no lleg a realizarse". Sin duda las mltiples ocupaciones del colegio no le permitan dedicarse con más ahnco a la composicin. Sin embargo puede decirse que esta serie si tuvo continuidad, puesto que en 1931 "Ingurutxo" (Leiza), tres partituras para piano con un tratamiento meldico que hizo escribir al P. Donostia en "El Da" del 7 de julio de 1933: "Dignificacin, exaltacin, mejor dicho, de estos bailes populares, que aparecen el piano enriquecidos con una vestimenta armnica pianstica y de las inquietudes que corren hoy y han corrido estos ltimos tiempos en cenáculos artsticos, no ha ido pisando miedos al escribir estas páginas". En realidad las tres obras son partituras de concierto, que se escuchan con verdadero deleite. Fernando Remacha ponder sobremanera el "Baile de la Era" y él mismo la orquest, porque su estructura armnica as lo recomendaba. Durante la primera estancia del P., Donostia en Pars, el 24 de febrero de 1920 asisti en el teatro Antoine Jacques Delcroze a una sesin de gimnasia rtmica, que le gust extraordinariamente, como elemento educativo de la juventud. A su regreso a Lecároz lo coment con el P. Hilario, sugiriéndole que algo de eso se podra implantar en las clases inferiores de msica. El P. Hilario recogi la idea y en diversos ensayos traz las lneas de una msica de raz autctona, que sirviera para la ejecucin de las tablas del método sueco Kumlein-Ling. Tras varios aos de prueba y con la supervisin del P. Donostia, la partitura qued definitivamente concluida con el ttulo de "Gimnasia de Lekarotz" o "Lekarotz Soinketa" para voz y piano. José Franco la instrument para banda. Esta obra, total o parcialmente, se interpret en varias ocasiones, hasta que se edit en 1934. Paralelamente a estas composiciones, el P. Hilario armoniz una serie de 24 melodas vascas para orfen. Junto a estas partituras de base folklrida, el P. Hilario continu componiendo msica religiosa, ahora prácticamente toda en euskera, publicándola en la revista "Zeruko Argia", en la que dio a conocer 37 canciones con un sello de modernidad muy en contraste con las de su primera época. El P. Donostia y el P. Hilario, un maravilloso tándem musical Los temperamentos del P. Donostia y del P. Hilario eran diametralmente opuestos. El donostiarra, fro, cerebral y de palabra comedida; el de Estella locuaz, y todo corazn y afecto. Pero a ambos les una profundamente, además de sus ideales religiosos, la responsabilidad por igual encomendada: la educacin de la juventud en un elevado espritu cristiano, humano y vasco. Atentos cada uno a sus obligaciones particulares, juntos formaron un auténtico do de lujo, como intérpretes de piano a cuatro manos o a dos pianos. Sus recitales se convertan a veces en dos de cámara: el P. Donostia violn y el P. Hilario piano. Y también en tros, con la participacin del flautista P. José de Lesaka (José Echaide Echegoyen). Durante algunos aos también form parte de éstos conjuntos de cámara el P. Tomás de Elduayen (Tomás Echeverra Elsegui), destacado compositor de msica vasca.
Una ocasin muy caracterstica para el do de pianistas eran los das en que los colegiales disfrutaban de la proyeccin de una pelcula. Hablamos de los tiempos del cine mudo. All se colocaban los dos capuchinos al piano con su minilámpara, para ilustrar con msica de obras clásicas los argumentos cinematográficos más variopintos. El 25 de mayo de 1931 el P. Donostia vio por primera vez una pelcula alemana de arte sonoro. Fue ilusionado para conocer el resultado estético, y aunque le gustaron los efectos o ruidos, no le entusiasm el procedimiento general. En Lecároz, cuando el P. Hilario se hallaba solo ilustrando musicalmente sine mudo, comenzaba con harta seriedad, pro cuando la pelcula se pona en trance, abandonaba la partitura escrita y se dedicaba a improvisar armonas imitativas de las escenas que él contemplaba, creando delicadas melodas en momentos de ternura, graciosos "scherzos" en pasajes cmicos y tremebundos acordes en escenas de violencia. Para ello contaba con gran capacidad de improvisacin, que explot durante toda su vida, especialmente en los ltimos aos, por los problemas de vista que padeci. El maravilloso tándem musical fue también un ejemplar caso de amistad y amor fraterno. Cuando el P. Donostia volva de sus correras musicales, especialmente de sus viajes a Pars, todo era empeo en encontrar tiempo para los comentarios correspondientes, contando con que, dada la locuacidad del P. Hilario, este no se limitaba slo a escuchar. Fueron muchos los paseos que hicieron juntos por los montes del Baztán. El 23 de junio de 1936 decidieron subir al Sayoa. El P. Donostia escribe en su diario: "Nos cogi la lluvia a tiempo de entrar en una artzai-etxola, donde nos calentamos al fuego, secándonos el calzado. Almorzamos lo que llevábamos, más talo y gaztanbera que nos proporcion el pastor, un muchacho de 19 aos, euskaldun, que no saba erdera, natural del barrio de Zozaya, de Almándoz. Escamp y continuamos nuestra ascensin, cmoda por Okolin-lepo. A las 11 en la cumbre. Magnfica vista" Otro detalle humano de sumo interés era su aficin a la pelota. Los dos jugaban en los frontones del colegio a pala, ya que la pelota a mano era algo prohibido para teclistas delicados. Su rivalidad deportiva fue "in crescendo" y lleg a hacerse popular en los medios caseros y foreros. Al fin se lanz un reto en toda regla, provocando por los hinchas de uno y otro, que se cruzaron serias apuestas. Pero el partido no tuvo lugar en Lecároz. El P. Donostia lo cuenta escuetamente en su diario: "31 de julio de 1930. San Ignacio de Loyola. Bodas de Estanis y Anita en Lezo. Les casé a las 11. Luego fuimos a comer al casino Mirentxu. Y a las 5 a Lasarte. Jugamos el partido famoso el P. Hilario y yo. Le gané, dejándole en 15 para 30." En Lasarte posea la familia Urreta una finca con frontn incluido. Aqu se celebr el partido, precedido del anuncio publicitario: " El caballero guipuzcoano contra el len navarro". El P. Hilario pidi insistentemente la revancha, que no lleg al celebrarse. Si en el cielo ha tenido lugar, no sé cmo, pero seguro que termin en empate. Personalidad txistulari del P. Hilario
La historieta es totalmente intrascendente, sin embargo aqu nacera el rasgo más caracterstico de la personalidad del P. Hilario. Consciente de la importancia del txistulari en la historia musical, social y ldica del pueblo vasco, lleg a la siguiente conclusin: el P. Donostia, que también haba hecho investigaciones sobre el txistu, abarcaba ampliamente el campo del folklore y de la msica vasca, recogiendo constantemente melodas y componiendo partituras para orfen, piano, msica de cámara y sinfnica. l, sin abandonar la composicin, sobre todo pianstica, se dedicara con ahnco a la enseanza del txistu, recopilacin de sus melodas y apoyo del gremio txistulari, tan necesitado de aliento en aquellos aos. Claro está, que esta decisin llevaba consigo una aproximacin a un mundo musical más modesto, no por pocos menospreciado. Esta era la virtud que quiso recalcar el P. Donostia, al decir al P. Hilario "se le recordará con simpata, porque franciscanamente, es decir, humildemente, ha puesto sus manos en cosas humildes, como lo es el txistu". El escritor Rafael Sánchez Mazas escriba en el ABC de Madrid: "El P. Hilario ense a muchos nios a ser tamborileros, arte que hace a los nios graciosos, alegres y elegantes...". Y es que además de ensear a los alumnos del Colegio, párrocos de cercanas enviaban otros chicos, para tener txistulari en los pueblos de origen. El 23 de abril de 1927 el P. Hilario invit a Isidro Ansorena, director de la Banda Municipal de txistularis de San Sebastián, a visitarle a Lecároz. All se person, y el P. Hilario recab toda clase de datos y consejos para mejor ejercer la pedagoga txistulari. Ansorena, siempre acompaado de su instrumento, fue conducido por el P. Hilario, cautelosamente, hasta una puerta, tras la que Isidro Ansorena se encontr repentinamente en el escenario abierto del Saln de Actos del colegio, repleto de alumnos y sus profesores. La sorpresa fue mayscula y el gran txistulari, ante los ditirambos verbales del P. Hilario, no tuvo más remedio que hacer una demostracin completa de las posibilidades del txistu, embelesando a todos los presentes, y aumentando en los alumnos el interés por nuestro instrumento popular. Era lo que pretenda el P. Hilario. Más adelante hara otro tanto, invitando el 9 de diciembre de 1928 a la Banda de Rentera, la de los Lizaso, Lizardi, Errazkin y Goi, que estaba de moda, por la facilidad con la que ganaba los concursos de txistularis. A ellos les dedicara su obra "Mendigoizaleak". Coincidi con estos importantes pasos la incitativa de la Sociedad de estudios Vascos, Eusko-Ikaskuntza: regalar un txistu barato a cuantos de los pueblos lo solicitasen, con promesa de aprovechamiento. El gesto tuvo su consecuencia inmediata de extensin de la aficin txistulari: Pero automáticamente, se puso en mayor evidencia la necesidad de un método para su recto manejo.
Su trat con Antonio Elizalde (Amayur), Evaristo de Elduayen (Leiza) Silverio Villanueva Usoz (Auritz), Jernimo de Vergara (Arrarás), José de Telletxea (Errazu), Pedro Miguel de Arizcun (Arizu), Antonio de Artocha (Betelu) Félix de Mutuberra (Labayen) le sirvi para recoger de todos ellos melodas y datos de importancia. Recogi documentos gráficos de iconografa de flautas verticales, similares al txistu, y con todo ello prepar la nueva edicin de su "Txistu, método y repertorio de flauta vasca", que en 1933 le public la casa Ordorica. All estaban sus encuentros con sus amigos txistularis, todo el contenido de su primer método y 80 páginas mas de msica, principalmente de Guipzcoa, danzas viejas, muchas de ellas tomadas de Irineo de Errecalde, de Rentera. A ellas agreg algunas creadas por él mismo, y sealadas con un asterisco. Con este método se educaron muchas generaciones de txistularis, razn por la que el P. Donostia lleg a escribir en "El Da" del 7 de julio de 1933: "El arte vasco le agradecerá (al P. Hilario) la formacin de un repertorio moderno de msica para txistu... Es indudable que el nombre de este fraternal compaero mo ha de leerse con mucha simpata, cuando dentro de algunos aos se escriba la historia del renacimiento vasco". No debemos olvidar que con la creacin en 1927 de la Asociacin de Txistularis del Pas Vasco él fue nombrado capellán de la entidad y con la aparicin de su revista TXISTULARI comenzaron sus colaboraciones musicales y literarias en todos los nmeros. Un cambio brusco en su trayectoria musical Durante estos aos y los que siguieron, El P. Hilario fue acumulando melodas populares y otros materiales, que haban de servirle para la edicin de futuras obras, especialmente en versiones piansticas. Su cerebro bulla con proyectos ilusionados. Pero al estallar la guerra civil el 18 de julio de 1936, que trajo también una fuerte convulsin entre los religiosos del Pas Vasco y ser destinado el P. Hilario en Chile en el mes de noviembre de 1936 todos sus proyectos cayeron en tierra. Este mes de noviembre fue para el un perodo duro, enigmático y angustioso. Slo le quedaban fuerzas para recoger sus papeles más queridos y embalarlos con la ilusin de darles vida en el nuevo mundo en el que residira. Despedida el 22 de noviembre: Lecároz, Alsásua, Burgos, Valladolid, Salamanca y Lisboa. El 26 de noviembre embarc en el "Madrid-Bremen" para ser recibido en Santiago de Chile. Aqu descubri un nuevo mundo, que le recibi con los brazos abiertos y le cautiv desde el primer momento. Volvi a formar un maravilloso tándem, ahora más sacerdotal que msico con el P. Prudencio de Salvatierra (ngel Azcárraga Lpez de Eberásturi) y con él se dedic a recorrer los fundos, llevando el evangelio a aquellas gentes sencillas. Por el momento el bal de sus materiales musicales quedaba arrinconado, pero no su txistu, que lo emple como medio básico en sus correras de misionero popular. En cualquier poblacin chilena recorra las calles con su txistu y tamboril, rodeado de chiquillos alborozados y como atractivo de los mayores. As transcurrieron para el P. Hilario 26 aos lejos de Euskalherria, dando gracias a dios por haber podido conocer la hermosa tierra chilena y ejercer aqu su ministerio sacerdotal. En 1948 el P. Hilario fue nombrado superior de la comunidad de concepcin (Chile) y con tal motivo recibi una felicitacin del P. Donostia, el primer escrito desde 1936. El P. Hilario le contest con una emotiva y larga carta de cuatro folios, en la que expone su felicidad y lamenta los malos trances del P. Donostia: "Muy querido José Antonio y siempre recordadsimo, an cuando no lo parezca: quiero pasar un dulce rato conversando contigo, contándote muchas cosas y rememorando aquellos felices das, que tuve la suerte de convivir, trabajar y aprender mucho en tu compaa. Ya han pasado once aos, para mi once garzas blancas, incandescentes de sol, en un cielo azul, once aos felices. Y para ti y demás europeos, tal vez once pajarracos entre nubes negras. Cuánta incertidumbre, cuánta amargura devorada en el silencio y cuánto temor de mayores males! oh, memorable maana (noviembre de 1936) en que, al despedirme de la puerta solariega de Lecároz, estabas pálido como la cal!... Ahora he comprendido como desaproveché el tiempo que viv contigo, no sujetándome a un estudio concienzudo de composicin musical y trabajando directamente bajo tu exclusiva direccin, dejándome de individualismos y personalidades falsas. Pero de todos modos, tu continuo trato y conversacin ntima me ensearon mucho. Que dulces ratos pasábamos en tu estudio haciendo msica de violn y piano o tocando a cuatro manos en aquellos pianos magnficos! Corelli, Tartini, Debussy, Ravel, Mozart, Schubert, etc..." En sus 26 aos de estancia en Chile el P. Hilario hizo una visita a Euskalherria desde marzo de 1955 hasta enero de 1956. Aqu se le despertaron las fibras patriticas adormecidas. Su reencuentro con el P. Donostia le supuso un compromiso serio de repasar los fondos musicales de su bal. Tras su regreso a Chile coordin su tarea sacerdotal con horas dedicadas a la composicin, que, a pesar de lo dicho, no haba abandonado del todo, puesto que ya en 1940 haba escrito "Tellarin", mutil-dantza para piano y la "Suite Navarra", para violn y piano, que aunque iniciada en 1935 en Lecároz, la concluy en Lecároz en 1942. De esta nueva etapa musical el P. Hilario edit "Dantzas del Baztán" en 1957, conteniendo las 12 melodas del "Soka-Dantza", el "Mutil-Dantza" de 1926, reeditado por estar agotado y el inédito "Tellarin" de 1940, todo para piano. En ese mismo ao de 1957 edit "Dantza Sou" que contena 4 fandangos, 4 ari-ari, 3 biribilketas y un zortziko, todo para piano. En 1958 public la "Suite Edurne" para tro de txistus". Todas estas obras enriquecieron el patrimonio musical vasco, especialmente el género pianstico y nos mostraron a un P. Hilario continuador del compositor de los mejores tiempos. En l963, con la salud seriamente minada, decidi volver a Euskalherria. Residi los 10 ltimos aos de su vida en Pamplona. Recién asentado edit "Yoku-dantzak" que contena 19 melodas de dantzas-juegos en versin pianstica. En 1970 prepar la publicacin de "Dantzas del Baztán" (segunda parte) que contena 9 melodas de mutil-dantza, para piano, pero esta obra qued inédita. Y en 1972 public su ltima obra importante: "Tratado de Txistu y Gaita" No hay duda de que sus propsitos de servir a la msica vasca, formulados ante el P. Donostia en 1918, tuvieron fiel cumplimiento, a pesar de los vaivenes a que fue sometida su vida. El pueblo as lo ha reconocido y confirmado con sus honores y condecoraciones. Brillante conmemoracin de sus bodas de oro sacerdotales el 30 de septiembre de 1967 en la iglesia de San Antonio de Pamplona. El 23 de mayo de 1971 homenaje del ayuntamiento de
Estella, con la colocacin de una placa en su casa nativa: "En El 30 de enero de 1972 la Asociacin de Txistularis del Pas Vasco le impuso la Medalla de Oro, que le haba sido concedida en reunin de la directiva de 21 de junio de 1971. Fallecido el P. Hilario el 28 de junio de 1973 en Pamplona, sus funerales celebrados el 30 de junio fueron un nuevo homenaje, al que se adhirieron toda clase de entidades artsticas y culturales. Un nuevo homenaje funerario tuvo lugar el 3 de junio en Estella. El 19 de julio Tafalla volvi a recordarle en su homenaje pstumo, concediéndole la medalla de su "Gran festival de la jota navarra", y de las "Jornadas de folklore navarro" haciendo entrega a su hermano Carmelo Olazarán. Todava el 19 de septiembre, la delegacin navarra de la Asociacin de Txistularis del Pas Vasco program una solemne misa, seguida de un Alarde de txistularis en la Plaza del Castillo con un repertorio integrado por obras del P. Hilario. |